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Youssoupov clausura en la San Juan Bautista

Para mañana miércoles está pautada la clausura de la exposición “Arabescos” de Ildar Youssoupov, un pintor oriundo de Kazajistán, quien ha logrado gran visibilidad en los ambientes artísticos de París y de Praga. Expuesta su obra en la galería San Juan Bautista del Viejo San Juan, la misma ha ocasionado una gran recepción.

Youssoupov es considerado por la crítica francesa como uno de los jóvenes pintores de mayor importancia en la Europa actual, Stéphane Barsacq dice que el artista deja ver el alma de la vida hecha alegría y que reconcilia la figuración y lo imaginario de manera delirante. También ha observado que además de ser un verdadero pintor, a través de sus cuadros se ve el nacimiento de un heredero de la gran tradición rusa en la pintura.

La primera sorpresa con la obra de medios mixtos de Youssoupov lo constituyó una geometría casi formal que a primera vista deja atrás la imagen representativa para bifurcarse con el color que se extiende con precisión sobre las telas en planos sorpresivos. Esa falta de improvisación, el propio artista la combate al expresar que antes de comenzar, hace muchos esbozos abstrractos, y que luego en el producto final su obra se desvanece para beneficio del color. Lo que hace con gran oficio.

Ernesto Torres
ESCENARIO, martes 29 de julio de 2003
San Juan

Ildar Youssoupov …un talentoso joven pintor triunfa en París

PARIS – Ser joven, terriblemente joven, tener gran talento y una obra que le precede por más de catorce años, hacen de este extraordinario artista ruso, uno de los más grandes y originales pintores jóvenes en la Europa actual.

Nació en 1972 en Chimkent, Kasakastán, región de Rusia que es forntera con Mongolia, Siberia y China en el Asia Central, de una familia de artistas tártaros de la Crímea, a donde Stalin los desterró. Allí, Ildar Youssoupov recoge de niño las vivencias de una tierra fecunda en imaginación rica en folclor y de gran sentido místico.

Estudia en Praga, Checoslovaquia, en la Facultad de Arte de la Universidad Pedagógica D´Almaty, donde se ha distinguido por ser el profesor de pintra más joven.

Adentrarse en la cosmogonía pictórica de Youssoupov es viajar a un mundo astral de planetas en torbellinos, de pájaros abigarrados, de montañas y árboles lineales y de dioses marionetistas que hacen bailar al final de sus hilos a los humanos como personajes de la Comedia del Arte.

Es un mundo basto y lleno de poesía, probablemente herencia de los grandes espacios abiertos y las enormes montañas del Asia Central.

Un universo imaginario y barroco bañado por la literatura rusa, la mitología griega, las epopeyas legendarias, y recientemente, por la atmósfera mágica de la ciudad de Praga, donde reside hace dos años.

Sus obras están llamando la atención de coleccionistas privados de Moscú, Bélgica, Estados Unidos, Canadá e Inglaterra, donde su obra ha sido expuesta, así como también en París y Saint-Jean-de Luz.

Es interesante hacer notar que Youssoupov posee esa rara cualidad perteneciente a los genios Picasso, Mozart, entre otros, de tener un conocimiento intuitivo de la naturaleza humana y una profundidad espiritual poco común entre las personas de su edad.

Nos dice Ildar: “ Yo pienso que en mis cuadros, el ritmo, la armonía y el color, esos atributos de la pintura, deben tener un rol protagónico si es que lo figurativo va predominar. Parecería extraño al ver todas las figuras, los detalles y los personajes que animan mis cuadros, que antes de comenzar a pintar realizo innumerables croquis abstractos.

Les digo que siento las sensaciones más fuertes cuando en el proceso de mi trabajo, su concepción original se desvanece en beneficio del color”.

El pintor utiliza el medio mixto, empleando óleos, acrílicos y temperas para crear texturas y transparencias realizadas con la destreza propia de un gran maestro.

En nuestra visita a su exposición en París, el maestro Youssoupov nos comunicó su deseo de visitar Puerto Rico y experimentar de cerca la transparencia y luminosidad conque la luz solar se manifiesta en el entorno caribeño. ?

Ernesto Torres
ESCENARIO, jueves 13 de mayo de 1999
San Juan

Arabescos fantásticos

Con un interés narrativo en cada parte del lienzo que suele subordinar a una propia fragmentación, que con formas a veces abstractas o simbólicas le llevan a un lenguaje autóctono de paleta solitaria, sobreviene al ambiente galerístico boricua, la exposición “Encuentro con lo imaginario” de Ildar Youssoupov, un pintor oriundo de Kazajstán, quien ha logrado gran visibilidad en los ambientes artísticos de París y de Praga.

La primera sorpresa con la obra de medios mixtos de Youssoupov lo constituyó una geometría casi formal que a primera vista deja atrás la imagen representativa para bifurcarse con el color que se extiende con precisión sobre las telas en planos sorpresivos. Esa falta de improvisación, el propio artista la combate al expresar que antes de comenzar, hace muchos esbozos abstractos y que luego en el producto final su obra se desvanece para beneficio del color.

Contradictoriamente, en otras piezas de carácter figurativo y de corte expresionista, el artista exige una contemplación prolongada como en “Día y noche” que en su fondo contiene un trasunto de formas y colores que retrotraen a Kandinsky; a la vez que trata de rescatar como en el díptico “La cena”, una suerte de reminiscencia del mosaico bizantino y los iconos medievales, a la vez que cultiva en varias obras el tema cristiano.

Sin embargo, la temática cristiana – que aparece también en “San Cristóbal” – dibujan una experiencia interior, ausente en, por ejemplo, “Bajo la lluvia”, una obra tica en identidad artística, ajena de una narrativa evidente, pero tan sumamente organizada la abstracción que casi parece natural. Esta aparente incoherencia en sus trazos no figurativos consigue la profunda pureza que hace que todo resulte coherente.

De obra introspectiva, Youssoupv trabaja para expresar con fuerza su imágen religiosa sin delimitar áreas a propósito. En “La cena”, el pintor reconstruye su propia línea argumental en el laberinto de la experiencia artística, que se enlaza con el resto de su propuesta como una realidad muy personal. El cuadro ofrece la oportunidad de rendir culto no solamente a las creencias del autor, sino a las propias intemporalmente.

Esta obra monumental, descrita en Arts Actualités Magazine como de factura abstracta en la composición y figurativo en la ejecución, sin duda, ofrece además son sus luminosidades el mundo que sólo el artista ve. En su memoria, no hay azar. Al involucrar al veedor emociaonalmente ante su plástica, Youssoupv demuestra que se está ante un gran pintor.

Esta exposición está en la Galería San Juan Bautista, en el primer piso de la Alcaldía de San Juan, al frente de la Plaza de Armas.

Jorge Rodríguez
ESCENARIO, viernes 11 de julio de 2003
San Juan

Un encuentro con lo imaginario

El jueves, 12 de junio se abre en la Galería San Juan Bautista la exposición del gran pintor ruso Ildar Youssoupov, quien ganó la Medalla de Plata en el Salón de Otoño en París, Francia, en el 2001 y la Medalla de Bronce en el Salón de los Artistas Franceses el año pasado en París también. Reconocido como un de los jóvenes pintores de mayor relevancia en el mundo de la pintura francesa, Youssoupov reside en la ciudad de Praga y expone en París regularmente.

El crítico francés Stéphane Barsacq dice de él: “Ildar Youssoupov no pinta; él nos deja ver el alma de la vida hecho alegría. Reconcilia la figuración y lo imaginario más delirante. Es simplemente un gran pintor. A través de sus cuadros, litografías y dibujos, vemos a un heredero de la gran tradición rusa.”

Es notable el aspecto lúdico y casi caricaturesco en gran parte de su obra. ¿Se trata acaso de un propósito conceptual, simbólico, una preferencia plástica o quizá trazos espontáneos y aleatorios?

Sólo puedo hacer aquello que me gusta y disfruto. Lo grotesco es una buena opción para no caer esclavo del naturalismo. Cuando el artista comienza una obra, ha de estar dispuesto a seleccionar únicamente lo necesario y dejar fuera todo aquello, que aunque le gusta no le lleva a conseguir su propósito. De hecho, mis primeros bocetos de tragajo son abstractos. El aspecto figurativo aparece después, cuando ya he decidido qué será lo dominante, qué será aquello que contrastará con qué y qué áreas del cuadro señalaré delicada y sutilmente. El estilo no lo considero importante.

Cómo describiría usted la evolución de su obra desde las primeras hasta las actuales que se expondrán en Puerto Rico? ¿Qué piensa usted de la abstracción?

Si usted me pregunta que si mi obra va hacia una direccón abstracta o hacia la abstracción, no podría contestarle, puesto que para mí, la primera idea es siempre abstracta y después la figura se fuerza a entrar, resultando en lo figurativo. sobre la evolución de mi obra creo que no es a mí a quien le corresponde de juzgarla.

Usted ha ganado dos premios importantes: en 2001, la Medalla de Plata del tradicional y consagrado Salón de Otoño de París, espacio que sirvió de plataforma a Renoir, Manet y Pissarro, entre otros; y luego en 2002 gana la Medalla de Bronce en el no menos prestigioso Salón des Artistes Français. Qué significan para usted estas distinciones?

Pues me ha hecho muy feliz. cuando se prepara la apertura del Salón de Otoño en París y se fija uno en la inmensa lista de artistas, tantas cajas, tantos cuadros y ese gran catálogo que pesa varios kilogramos; luego te das cuenta de que te han dado el premio a ti, desde luego que causa una gran impresión. Sin embargo, la razón me dice en seguida que el premio a un artista es sólo un símbolo, ya que el arte no es un deporte. El deporte se puede enjuiciar objetivamente, pero el arte por su propia naturaleza tiene una existencia subjetiva al igual que es subjetiva su apreciación.

Fue también un símbolo para Monet y Renoir, no cree?

Sí, Monet, Renoir, Pissarro están en la enciclopedia del Salón de Otoño y eso causa un sentimiento extraño al ver mi propio nombre en esa misma lista. No es que me compare con ellos, de hecho, yo no sé si pasaré a la historia del arte (pensarlo sería llegar al borde de la esquizofrenía) pero, todo eso no deja de producir un cálido sentimiento en el corazón. Ese es el significado mayor para mí.

París ha sido buena con usted. Usted ha triunfado en esa ciudad y su trabajo ha sido reconocido; coleccionistas compran sus obras. En fin, podríamos decir, mantiene una relación amorosa con la ciudad. Qué sentimientos provoca la ciudad en usted? Influye en su trabajo?

Es imposible describir a París brevemente porque París no es una ciudad sino muchos pueblos dentro de una ciudad, que son distintos unos de otros. Es probablemente una mezcla de gente, olores, gustos y colores a los que llamamos París. París es una encrucijada artística muy especial y cuando uno se para en una encrucijada logras ver mucho más y mejor.

Y cuando usted expone allí…?

Ah! cuando expongo allí el riesgo de perderme es mayor. París me exige más. Esa es una de las razones por las cuales expongo mis obras allí. París le da a uno disciplina. Creo que lo que le da sentido a la ciudad es la gente que vive en ella. Felizmente tengo muchos amigos en la cuidad, especialmente Jeanne y Daniel Priollet quienes han contribuido tanto a mi éxito en Europa y a los cuales agradezco tanto. ?

Ernesto Torres
ESCENARIO, sábado 7 de junio de 2003

La pintura de Ildar Youssoupov

La pintura de Ildar Youssoupov, que se mostró durante el mes de julio de 2003 en la galería de la Casa Alcaldía de San Juan, aúna en un espacio pictórico no organizado por las leyes de la perspectiva científica lineal o por la narración secuencial, temas y motivos de la historia, la literatura y la mitología antigua y escenas de un mundo pre- industrial que no reflejan la actualidad mundial como tampoco la de su país natal Kazajstán, una de las antiguas repúblicas soviéticas más modernas e industrializadas en el presente.

La república de Kazakhstán está situada en Asia central. Esta región, colonizada por tribus turcas en el siglo VIII, es incorporada en el siglo XIII al imperio mongol de Gengis Khan y pasa a manos rusas luego de que a partir de 1830 tropas rusas desarrollaran una ofensiva a gran escala poniendo bajo control la mayoría de este país. Los cambios económicos, políticos y sociales en esta república, que logró la independencia de Rusia en 1991, dieron pie en la última década a un período de apertura, de libertad de expresión y de reunión para todos los grupos excepto para los rusos y extremistas nacionalistas kazakos. Sin duda, el período de apertura después de la disolución de la Unión Soviética afectó el ámbito artístico y la creación de obras de arte.

Es interesante observar que la historia reciente de Kazajstán no es parte de la temática de la pintura de Youssoupov que apreciamos en esta exposición. El pintor parece asumir esa actualidad y adentrarse en otras épocas sugerentes de un mundo distante a los dilemas que han representado la modernización, el comunismo y las imposiciones de un gobierno extranjero que por décadas fomentó un arte de sesgo realista social. Sus pinturas, las incluidas en esta exposición, tituladas La cena, La caída de Icaro, El cazador de mariposas, El molinero y Rómulo y Remo, entre otras, componen un arco temático inspirado en la literatura, la historia, los mitos de la Antigüedad Clásica y en un mundo provinciano distante de la modernidad. El arte de Youssoupov parece orientado por temas de profunda significación humana: la muerte, la vida y el poder. Youssoupov no narra para aleccionar sino que sugiere de manera poética y evoca con fuerza lírica una realidad sublimada por la magia del arte.

La temática de la obra de Youssoupv, desde el punto de vista de algunos pensadores, se explicaría como parte de una de las tendencias en el arte de la postmodernidad: la mitologización. Esta tendencia es suscitada por un deseo de regresar a los orígenes. Mircea Eliade, pensador y mitólogo señala:

„Sería inútil insistir más sobre el valor ‚existencial‘ del conocimiento del origen en las sociedades tradicionales. El comportamiento no es exclusivamente arcaico. El deseo de conocer el origen de las cosas caracteriza asimismo la cultura occidental. El siglo XVIII y el XIX han visto multiplicarse las investigaciones concernientes tanto al origen del Universo, de la vida, de las especies o del hombre como del origen de la sociedad, del lenguaje, de la religión y de todas las instituciones humanas. Se esfuerzan en conocer el origen y la historia de todo lo que nos rodea: el origen del sistema solar lo mismo que el de una institución como el matrimonio o de un juego de niños“.1

Señala también el historiador Jacques Le Goff en El orden de la memoria, el tiempo como imaginario que: „El estudio particular de las edades míticas constituye un acercamiento particular, pero privilegiado, a las concepciones del tiempo, de la historia y de las sociedades ideales. La mayor parte de las religiones coloca una edad mítica, feliz, sino perfecta, al inicio del universo“.2 La valoración del mito desde la perspectiva contemporánea resalta un interés por el origen como un ‚lugar‘ donde se encuentra una verdad, una revelación primordial que todavía hoy es necesaria para el ser humano. El regreso en la pintura a los mitos fundacionales va acompañada en el arte contemporáneo de una concepción del pasado como lugar que puede ser visitado a gusto. Se extrae de él cualquier momento que sirva en la representación para una elaboración asincrónica de los tiempos y para una valoración renovadora del presente.

Pinturas como La caída de Icaro o Rómulo y Remo pueden explicarse desde esa perspectiva. El mito suscitaría en la lectura de la representación un doble registro: primero aquel que lo identifica con una fábula y segundo el que recobra su verdad para todos los tiempos a través del medio plástico. La pintura reiteraría una ‚verdad‘ de inigualable valor existencial y metafísico encerrada en el mito. Los mitos de origen, fundamento de un momento prestigioso y primordial, como lo es el de la fundación de Roma, que se recrea en el lienzo Rómulo y Remo, podrían entenderse análogos a un comienzo en la pintura contemporánea logrado mediante un lenguaje plástico nuevo, que combina la figuración con elementos no figurativos. Esto es una característica propia de la pintura de Youssoupov. Este aspecto, como ha señalado Mircea Eliade, vincula en la mitología el fin catastrófico de una época seguida por una nueva creación.3 En el caso del arte contemporáneo, la época de la destrucción de un lenguaje plástico tradicional daría paso a la época de la creación de uno nuevo lenguaje inaugurado por las vanguardias históricas al inicio del siglo XX.

El mito de la caída de Icaro, que se representa en el lienzo titulado de igual manera, trata sobre el tema del castigo impuesto por los dioses a la hybris humana como rebelión a los límites que le impone su propia naturaleza. Un mito aleccionador que traducido en los términos del lenguaje plástico contrasta la inferioridad del artificio humano con la superioridad del mundo natural. Las alas pegadas con ceras, como símbolo de una tecné defectuosa, no supera la capacidad de vuelo de aquellas especies que por naturaleza pueden rebasar la ley gravitacional.

La cena, obra de gran formato que se mostró en uno de los lugares más destacados de la Galería de la Casa Alcaldía, nos sugiere una explicación distinta. Apunta hacia un interés en temas cristianos por parte del artista que no solo podría explicarse como una vuelta al pasado mítico religioso. Parecería que un arte de contenido religioso en el contexto de la historia y política rusa desde la época del gobierno de Stalin hasta la disolución de la Unión Soviética respondería a una preocupación y a una lealtad a formas de religiosidad ajenas al ateísmo oficial soviético.

Eliade, Mircea: Mito y realidad. Barcelona: Editorial Labor S.A., 1992. Páag. 83. Le Goff, Jacques: Le Goff, Jacques: El orden de la memoria, el tiempo como Imaginario. Barcelona Buenos Aires y México. Paidós, 1991. Pág. Eliade, Mircea: Mito y …pág.

En un simposio auspiciado por la Universidad de Rutgers en Nueva Jersey en 1996 sobre arte ruso se presentaron varios ensayos que luego fueron publicados en el catálogo titulado From Gulag to Glasnost: Nonconformist Art from the Soviet Union, en uno de ellos titulado Icons of the Inner World por Alison Hilton, se señala que dado que el canon impuesto por el Realismo Social soviético prohibió las imágenes religiosas y todo arte que apoyara la religión, las referencias y la utilización de motivos religiosos fue una de las formas de hacer un arte contestatario, reivindicar una tradición no solo religiosa sino también cultural y afianzar los nacionalismos en las distintas repúblicas rusas.

Según Hilton podría afirmarse que una parte considerable del arte ruso de las últimas siete décadas se inserta dentro de un misticismo profundo y en la creencia de que el artista debe cumplir una misión: la búsqueda de una verdad moral superior a la que debe someter su individualidad y la belleza externa. Esa particular visión del arte seguida por muchos artistas rusos contrarios a la ortodoxia del arte oficial, institucionalizado por la Academia de arte de la Unión Soviética, el Ministerio de Cultura y el partido oficial desde la época de Stalin hasta la famosa exposición Bulldozer en septiembre de 1974, forma parte del legado artístico de la generación de artistas que nacieron después de 1972. Esta es la generación a la que pertenece Youssoupov y a la que le ha tocado vivir en el periodo de éxito del arte no conformista.

Podemos sugerir que artistas como Youssoupov que han podido crear en una atmósfera de mayor libertad artística y que cultivan un arte orientado por un formalismo vanguardista y un contenido asociado a temas religiosos, míticos e históricos se sienten herederos de una tradición en la que se reemplaza las exigencias de un arte por el arte por las de un arte por una verdad.

Citemos a Youssoupov del catálogo de esta exposición: „La pintura ha sido mi tabla de salvación. Pintar fue una decisión que tomé pronto. Nada es tan fácil como tener una vocación artística. Sin embargo, nada es tan duro como perseverar para hacerlo siempre mejor. Hay tanto que pintar, tantas cosas permanecen invisibles. Para mí, el arte es la manera de darle vida a la libertad“.

Se desprende de las palabras del artista que la praxis artística es igual a una vocación, que de la misma manera que el cristiano busca ser mejor para lograr la salvación, el artista también debe perseverar para hacerlo mejor, es decir para pintar mejor. Por último apunta Youssoupov que el arte de pintar hace visible lo invisible, aquello que para el religioso está en la dimensión espiritual. Aquello que ubicado en una jerarquía superior hace del trabajo del artista una actividad tan sagrada e importante como la del sacerdote.

Esta tradición artística tiene en Rusia más de doscientos años. Aleksandr Ivanov, lider del movimiento realista en el siglo XIX consideró que la búsqueda de la libertad artística era una decisión moral. Al inicio del siglo XX Wasilli Kandisky y Kazimir

Malevich igualaron el arte a una búsqueda de lo espiritual. Kandisky en su libro titulado Concerniente a lo espiritual en el arte escribió: „El arte es un lenguaje que habla al alma de cosas que son el pan del alma y sólo puede adquirir de esta forma“.4 Malevich por su parte decía que la forma pura o concreta en el lenguaje del Suprematismo y ejemplificada en la obra titulada Blanco sobre blanco podía transformar el mundo material. Vinculó el espacio blanco con el infinito y la nada.
La obra de Youssoupov en el contexto del arte ruso es heredera de una de las tendencias del arte contestatario o disidente que por más de setenta años permaneció clandestino, pero también de una tradición que encuentra sus raíces en la religiosidad de los grupos étnicos de Kazajstán y de la región de Crimea.

Joseph Bakshtein, director del Museo de Arte Contemporáneo de Moscú, señaló en un ensayo titulado Nonconformist Traditions and Contemporary Russian art5 que a pesar de la apertura alcanzada por la intelligentzia artística y literaria de las distintas repúblicas en las últimas décadas, muchos artistas y escritores sienten una incomodidad, tienen un sentido de que algo se ha perdido. Añade Bakshtein que por primera vez según algunos intelectuales rusos la intelligentzia ha dejado de existir en la forma que existió por 200 años y su necesidad histórica ha desaparecido.

No obstante, las circunstancias sociales y políticas han cambiado, reaparece el compromiso con una verdad entre algunos jóvenes artistas como Youssoupov que se articula a través de un imaginario poético que tiene como protagonistas a un molinero, un vendedor de chiringas, un cazador de mariposas o unos héroes míticos.

Apunta Bakshtein en su ensayo que en cualquier cultura el arte es una realidad especial. En la Unión Soviética el arte era doblemente real precisamente porque no tenía nada que ver con la realidad concreta, era una realidad superior. La realidad del mundo exterior pertenecía al Estado. Esta otra realidad, la del arte podía ser de todos.

La poesía delirante de Yuossoupov no solo deja ver „el alma de la existencia alegremente‘, nos deja ver una verdad poética universal que puede apreciarse lo mismo en Praga, que en París o en San Juan. En el contexto del arte de América y del arte local podrían pensar algunos que el arte de Youssoupov recicla temas y motivos muy conocidos o trillados que no se asocian con los temas de un arte de fin de siglo. El análisis del contenido y los aspectos formales de esta obra nos revelan una propuesta que no sólo sobresale por el virtuosismo técnico que la caracteriza sino también por un contenido de gran fuerza conceptual. El estudio de la relación entre el arte, y su contexto ya sea político, social, histórico o religioso nos advierte de los peligros de valorar el arte en el vacío, de aquí que merezca recordarse los orígenes de esta pintura, las condiciones que la han hecho posible y el sentido que le da este artista al pintar: darle vida a la libertad.

Kandinsky Wasilli: Concerniente a lo espiritual en el arte. Primeras vanguardias artísticas. Texto y Documentos. Eduardo Cirlot, ed. Barcelona: Editorial Labor, 1993. Pág. 34. Bakshtein , Joseph: Nonconformist Traditions and Contemporary Russian art. From Gulag to Glasnost. Nonconformist Art from the Soviet Union. Nueva York: Thames and Hudson, 1995. Págs. 260-275.

No obstante, las circunstancias sociales y políticas han cambiado, reaparece el compromiso con una verdad entre algunos jóvenes artistas como Youssoupov que se articula a través de un imaginario poético que tiene como protagonistas a un molinero, un vendedor de chiringas, un cazador de mariposas o unos héroes míticos.

Ingrid M. Jiménez Martínez, Ph. D.
19 de julio de 2003
San Juan

Galeria San Juan Bautista, Casa Alcaldia

The paintings at this exhibition represent various stages of the painter’s trajectory. They range from fantastic figuration to figurative abstraction. If it is true that art resides upon the artist’s capacities of making visible that which is invisible, then in the work of Youssoupov we find molded the perception of art in its purest form. Each painting reveals the unsuspected substance of a world that surrounds us but we seldom see.

The canvas treatment, its execution, reveals craftsmanship that resemble characteristics similar to the stony calcified surfaces of Roman frescoes, while the playful and caricature like religious imaginary leads us to think of the Eastern paintings, particularly those of popular Russian tradition. Amalgam, synthesis, influences, pave the road of a good painter; (“nothing comes from nothing”) but to develop an individual technique, to mold or create and original perception of the exhibition, are attributes of a great painter.

Color and the formal disposition in the work of Youssoupov correspond, with the lushness and richness of Klimt and the fantastic weightlessness of Chagall, while his sense of collectivity in his playful universe reminds us of Brueghel’s humanism.

Youssoupov traces free strokes, without apparent methodical orientation; aleatory movements, which accentuate the playful, disjoint between the figures. This is perceived in the agglomeration of figurative elements that, while its organic integrity is identifiable, the viewer in a puzzle like game must organize their dialectical sense.

This painting irrupts, bursts, with the strength of a solid personal style in today’s pictorial world, mostly residue of: the geometric formalism of the postwar, the minimalism of abstract expressionism and the intellectualization of conceptual art. We find ourselves before a delicate and beautiful painting expressed with its own voice, aloof from styles and movements, full of rage, irony, and humor and imperishable.

The multiple figurative perspective and convergent centers has been manifested since the painting of the Baroque in contrast to the open Renaissance style, e.g. Van Eyck’s atmospheric perspective. Its influence is herein evident. In almost all of the paintings, the composition gives the impression of an overflow, which the frame cannot hold in; a hint of a subtle invitation to imagine the subject matter continuing beyond its proposed physical boundaries. An uncertain restlessness is experienced by the viewer, a foreboding of something hidden that intrigues and invites to return to the canvas time and again to recompose, to mend, to repair and apparently incomplete universe formed with unconnected elements.

In that going back of the eye, time and again, the hidden subtilties, its diverse meaning and the details of a textile like character are discovered, minutely and meticulously imbricate

The clean and refined technique is not imposed on the image, but rather enhances it. The spatula, palette knife seems not to have touched the surface of the canvas. Its effect is beautiful and the relief that its stroke produces is always compatible with the subject and gives significance to its from. Thus we see it, for instance, in “Saint Christopher”, the flowing water of the river where the Saint introduces his foot; in the luminous quality that irradiates from the contours of the Christ in “The Supper” the rain that trickles over the umbrellas in “Under the Rain”. There is no technical ostentation or exhibitionism but rather, and more so, the use of an original and impeccable technique that supports the color’s autonomy and the graceful movements that flows, taking advantage of the minimal space within the composition. Form and content thus become indissoluble, as it occurs in the small watercolor “The Fall of Icarus” or in “Day and Night”. In the latter, the distribution of the planes insinuates the natural antithetic parallelism of the central subjects. The night slides taking with its dark mantle a fairytale and happy humanity, which illuminates the escape road with torches while the lovers seek protection from the light. Above, day rises imposingly with luminous mustache and beard, taking the place of the night that slips away diagonally, almost obliquely, like a serpent that is forced to leave the painting. In the upper part, clew balls in relief simulate clouds.

The color, always autonomous, at times, dissolves in translucent like kaleidoscopic bridge, extended through delicate figures and the exuberant arabesques, thus producing a polychronic effect. Other times, its autonomy becomes more conspicuous throughout zones of solid tones. The figures and the objects acquire freedom on their own through the centrifugal circles and the lineal movements over which they graciously slide with serpentine movements from one extreme to the canvas to the other.

The paintings of Ildar Youssoupov are a fantastic reflection of the external and legendary worlds expressed with deliberate naiveté and playfulness. It is rich in timeliness objects and populated by humanly formless faces with puppetry characteristics. Unconnected with one another, in both gender and species, they appear to have been invited to share a common space where color and story give them meaning.